Junto
con los gestos y la voz, el dibujo es uno de los lenguajes más antiguo y
universal, mediante él podemos expresar y describir imágenes del mundo que nos
rodea, explicar sus formas y hasta realizar asociaciones.
El
dibujo ha venido considerándose tradicionalmente como instrumento de perfeccionamiento
del trabajo de pintores y escultores, teniendo lugar su aprendizaje en la
Academia y en el taller. Aun así, debemos reconocer que cada uno de nosotros
está en capacidad de dibujar, pues para dibujar, primero se leen las formas y
luego se describen. Este es un ejercicio expresivo, que puede llegar a
dominarse tras un período de aprendizaje y práctica, educa la inteligencia
hasta el punto de que el dibujante sin necesidad de ser un artista puede ser
capaz de mostrar a través del dibujo una forma de expresión abstracta. Hay diversas técnicas y herramientas como podemos ver en este enlace.
Así,
el dibujo es una herramienta de comunicación importante porque permita la
manifestación sensible de una idea. La tarea de representar el entorno y los
objetos, o de recrearlos y establecer asociaciones nuevas, que es en ultima instancia
la esencia del dibujo, es una actividad noble que debe ser valorada por su
utilidad para facilitar la comunicación entre quienes tenemos grandes brechas
educativas, sociales y culturales.
Desde
las cuevas del paleolítico, hasta los abrigos rupestres, el dibujo aparece como
lenguaje de comunicación de acontecimientos mágicos, como motivo ornamental, o
inclusive con carácter no figurativo, en forma de pictografía aún por
descifrar; estos dibujos denotan un alto grado de complejidad y demuestran que el
arte del dibujo estaba ya desarrollado en la época prehistórica.
En
el antiguo Egipto se utilizaban como modelos para la pintura y la escultura
dibujos a tinta sobre papiros y fragmentos de vasijas incisos con figuras y
motivos, como ocurría en Mesopotamia con los dibujos tallados en tablillas de
arcilla. Estos dibujos, marcados en un principio por la estricta representación
frontal y la exageración de las formas, fueron dejando paso a un mayor
naturalismo, como en el arte de los reinados de Ajnatón en Egipto y de
Assurbanipal en Asiria.
En
el transcurso de los siglos, griegos y romanos impulsaron las artes de la
pintura y escultura, supeditadas ambas siempre a la teoría inexcusable del
dibujo. Unos cuantos dibujos preparatorios de origen griego y romano han
llegado hasta nosotros, sobre tabla, pergamino, metal, piedra o marfil. Los
dibujos terminados, tal como se ven en las vasijas griegas, indican la
evolución desde el arcaísmo estilizado a la idealización clásica de la
naturaleza, e incluso al tratamiento naturalista de la forma humana. En cuanto
al dibujo romano, era en general
realista, si bien continuaba mostrando influencias griegas.
En
los monasterios de la Europa medieval, los textos religiosos eran inscritos en
pergamino, y después embellecidos con iníciales, Márgenes decorados y escenas
resaltadas. En la Europa románica, se utilizaban los dibujos como modelo en la
mencionada iluminación de manuscritos y también corno cartones o estudios, para
frescos, esculturas, y otras modalidades artísticas.
Durante
el Renacimiento, el redescubrimiento humanista del clasicismo grecorromano, la
invención de la imprenta y la gran variedad de papeles y de utensilios
disponibles, impulsaron el desarrollo del arte del dibujo. Ya sea Como estudios
preparatorios para pinturas o esculturas o, por primera vez en Occidente, como
obras de arte independientes, las obras maestras del dibujo de los artistas
renacentistas revelan comprensión de las formas naturales y su idealización.
Los
dibujos del siglo XVII tienden a expresar un dramatismo y una energía de corte
barrocos, en contraste con el apacible orden arquitectónico de la época. Los
dibujos del siglo XVIII, típicos del estilo rococó, con un enfoque neoclásico
muestran figuras realizadas con gran fuerza que contrastan con los dibujos
discretos y realistas de temas cotidianos que satirizaban la guerra y la
injusticia.
El
creciente ritmo de cambio político y económico de la época moderna quedó
reflejado en la gran variedad de estilos artísticos tales como el
neoclasicismo resurgente de las tensas figuras lineales y de los retratos, el
romanticismo representado en
las tonalidades de los dibujos y el realismo un tanto agresivo
de numerosas caricaturas
satíricas.
En
el siglo XX el dibujo tiende a ser constructivista aunque más
abstracto. El surrealismo francés y el expresionismo estadounidense inspiraron
dibujos más abiertos y espontáneos. También se empezaron a explorar la textura,
las escalas, al tiempo que continuaba el interés por los dibujos de contorno
tradicionales.
Ahora
en la actualidad, comenzando el siglo XXI y ante la supremacía de los medios
electrónicos de comunicación, el dibujo tiende a ser reemplazado por una gran
diversidad de formas y expresiones gráficas, que desde la óptica contemporánea
se describen como “disciplinadoras” de la población, en la medida en que van
transformando la definición de los espacios urbanos y transforman la división
tradicional entre espacio público y espacio privado.






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